Y tu, ¿qué te llevarás?

Son raros los momentos en que te das cuenta de las cosas que realmente importan. Por que en ocasiones puede ser que lo que más importa es pasar un examen o una materia, llegar a tiempo a una cita de trabajo, decir las palabras correctas, llegar temprano a casa, enviar un correo importante… entre muchas otras cosas. Pero hay momentos en la vida en que se presentan situaciones totalmente fuera de nuestro control, que nos hacen ver lo poco que vale todo lo demás que nos importa. Que hacen que todo esto, desaparezca.

Un día todo parece ser normal y al día siguiente hay que correr al hospital por que un ser querido esta en cuidados intensivos. Es sobre todo interesante, cuando esta persona es de la tercera edad. Llevas toda una vida siendo el hombre fuerte, la figura paterna, a quien le tienes miedo, quien es un hijo de la fregada, al mismo tiempo es a quien quieres y adoras, quien ha formado a tu padre/madre tal como es, y gracias a ellos estás tu, tal como eres. Pero ver a esta persona tan fuerte, en un momento tan débil… te quiebra. En un momento tan fuera de las manos de cualquier ser humano sobre la tierra. Las ventanas al alma, te muestran miedo y nervios. Y es que cuando crees que estás cerca de la muerte, es cuando te das cuenta que nunca importó lo que los demás pensaban de ti, que nunca importó competir con el de al lado, que no venía al caso hacerle la vida imposible al vecino, que no había razón para hacer sentir menos a alguien… que no había necesidad de enojarte tanto. Que no había por que tener vergüenza o por que sentir que ibas a fracasar. Pero cuando estas cerca, quizá ahora es demasiado tarde para haber valorado otras cosas.

Creo que jamás sabremos ser hijos hasta que somos padres y jamás sabremos ser padres hasta que seamos abuelos. Igual creo que sucede con la vida, la disfrutas y la vives al máximo, pero es cuando estás llegando al final cuando realmente te darás cuenta todo lo que la vida realmente es.

El ser humano es un ser curioso, apenas le dan una probadita de lo que puede hacer con su cerebro y destruye todo… hiere, miente, roba, compite, lastima… y para darnos cuenta de todo esto que hacemos, tenemos que esperar un momento crítico… ¿por qué?

¿Por qué tenemos que esperar un momento así para reunir a toda la familia? Y luego tienes que estar ahí parado junto a tus familiares con cara de hipócrita fingiendo estar interesado en qué coño trabaja tu primo y su esposa que sólo has visto el día de su boda. Qué curiosos seres somos.

Y luego te das cuenta, que a pesar de todo lo que alguien puede tener, al final todo se reduce a la salud y la gente que realmente te aprecia y tienes al rededor de ti genuinamente. Al final el rey y peón van en la misma caja. Todos somos iguales. Es el poder que nos da nuestro cerebro para convertirnos en juzgadores, clasificadores y estereotipadores de los demás. De todo ser que no sea tu. De toda persona que no tenga lo que tu tienes, que no viaje lo que tu viajes, que no estudie donde tu estudies, que no viva donde y cómo tu vives.

No hay que esperar estos momentos. Ojalá estén muy lejos de nosotros. En vez de esto, veamos cuidadosamente qué estamos genuinamente haciendo con nuestras vidas. ¿Estamos disfrutando? Dar al otro es el más elevado nivel de vida. Amar y apoyar al otro. Vivir en armonía… todos somos iguales. Quizá unos corren con más suerte que otros, quizá unos toman ciertas decisiones que los llevan a mejores sitios. Pero al final, cuando todo se reduce a la salud, ¿qué te llevarás de la vida?

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